Cuando alguien nos pide proyectar una villa en las laderas del Montgó, en Dénia, la primera pregunta que nos hacemos no tiene nada que ver con el estilo de la villa. Tiene que ver con la montaña. Porque aquí el Montgó no es un fondo bonito para la foto de la parcela: es la condición que va a marcar buena parte de las decisiones del proyecto desde el primer boceto, algo que cualquier arquitecto en Dénia con experiencia en esta ladera tiene asumido antes de trazar la primera línea.
Eso ya lo distingue de otras zonas donde trabajamos habitualmente en la Marina Alta. En Las Rotas, por ejemplo, el condicionante principal es la costa: roca, salitre, cercanía al acantilado. En el Montgó el reto es distinto, porque el terreno responde a la lógica de un parque natural protegido, y esa diferencia se nota en cosas muy concretas: el tamaño de las parcelas, la pendiente con la que hay que lidiar y hasta el tipo de propietario que acaba comprando ahí.
Empecemos por lo físico. Las parcelas de esta zona suelen ser bastante más grandes que las que encontramos en el resto de Dénia o en gran parte de Jávea, y eso cambia la forma de plantear el proyecto desde el principio. No se trata de aprovechar cada metro cuadrado como en una parcela urbana ajustada, sino de decidir qué parte del terreno se ocupa y cuál se deja respirar. A cambio, la pendiente suele ser más pronunciada que en zonas como La Pedrera o La Marquesa, así que hay que resolver desde el arranque cómo se accede a la villa, dónde se sitúa el garaje y cuántos niveles tiene sentido escalonar sobre la ladera sin disparar el movimiento de tierras.
Ahí entra la parte que más preguntas genera entre quienes se plantean comprar en esta zona: la protección del parque natural. Y conviene aclararlo con calma, porque genera más dudas de las que debería. Construir junto al Montgó no significa que esté todo prohibido, significa que hay unas reglas de distancias, ocupación y altura que hay que tener sobre la mesa antes de enamorarse de una parcela concreta. Un arquitecto en Dénia que conozca bien esta zona sabe distinguir, con solo ver una parcela, qué es viable y qué directamente no lo es, y eso ahorra meses de gestiones a quien todavía no ha comprado el terreno.
Lo que compensa todo ese trabajo previo es una ventaja que pocas zonas de la Marina Alta ofrecen a la vez: vistas al mar y a la montaña desde la misma parcela. En zonas más urbanizadas suele tocar elegir entre privacidad y panorámica, porque tener vistas abiertas implica estar expuesto a la calle o a las parcelas vecinas. En las laderas del Montgó, si la orientación y los volúmenes se estudian bien, es posible tener ambas cosas: una fachada que mira al Mediterráneo y, al mismo tiempo, una relación con el entorno mucho más recogida que en una urbanización convencional.
Ahí es donde entra otro factor que se suele pasar por alto: la vegetación. El propio parque natural obliga, en muchos casos, a mantener buena parte del arbolado existente, y eso no es un obstáculo sino una oportunidad si se plantea bien desde el proyecto. Un pino centenario mal situado puede acabar tapando la vista que se buscaba, pero el mismo pino, respetado y puesto en valor, puede convertirse en el elemento que le da carácter a un porche o a una terraza que en cualquier otra parcela sería genérica. Es uno de esos detalles que solo se detectan pisando el terreno antes de dibujar nada, no mirando un plano desde la oficina.
Eso explica también el tipo de propietario que suele acabar aquí. No es el perfil que busca estar a pie de playa ni el que prioriza tener el chiringuito a cinco minutos andando. Es alguien que valora el silencio, la sensación de estar dentro de un paisaje protegido y una privacidad que no depende de un muro alto, sino de la propia topografía. Y ese perfil, casi siempre comprador extranjero que ha visto ya varias zonas de la Costa Blanca antes de decidirse, condiciona el proyecto tanto como la pendiente del terreno: menos exposición hacia el acceso, más peso en el patio interior o en la piscina como centro de la vivienda, y una relación con el jardín mediterráneo que busca integrarse en el monte, no imponerse sobre él.
Hay otro matiz que se nota especialmente en esta zona y que tiene que ver con el acceso rodado. Muchas de las parcelas del Montgó cuelgan de caminos estrechos, con curvas y pendientes que no siempre están pensadas para el tránsito de maquinaria pesada de obra. Antes de cerrar un proyecto conviene comprobar cómo va a entrar el camión hormigonera, por dónde va a maniobrar la grúa si hace falta, y si el acceso definitivo a la villa va a coincidir con el que se usó durante la construcción. Son preguntas que en una parcela de polígono residencial ni se plantean, y que aquí pueden condicionar tanto el presupuesto como el plazo de obra.
Al final, proyectar en el Montgó se parece más a proyectar en una parcela de montaña que en una parcela de costa, aunque el mar se vea perfectamente desde el salón. Es una lógica distinta a la de Las Rotas y muy distinta a la de las zonas más consolidadas de Dénia o Jávea, y un arquitecto en Dénia que lleva años trabajando en los dos escenarios sabe que aplicar el mismo criterio a ambos suele ser el primer error de cualquier proyecto en esta ladera. Conocer esa diferencia antes de comprar la parcela, no después, es lo que separa un proyecto que fluye de otro que se atasca en el primer informe urbanístico.
Preguntas frecuentes
¿Se puede construir libremente en las laderas del Montgó o hay muchas restricciones? Sí se puede construir, pero con reglas claras de distancias, ocupación y altura por estar junto a un espacio natural protegido. No es que esté prohibido, es que hay que conocer esas reglas antes de comprar la parcela, no descubrirlas a mitad de proyecto.
¿Por qué las parcelas del Montgó son más grandes que en otras zonas de Dénia? Porque el propio carácter del entorno, con menos densidad de urbanización y una topografía de ladera, ha dado lugar a parcelaciones más generosas que las de zonas como La Pedrera o el centro de Dénia.
¿Se puede tener vistas al mar y privacidad a la vez en esta zona? En la mayoría de los casos sí, algo que no siempre ocurre en zonas más urbanizadas. Estudiando bien la orientación y el volumen de la casa sobre la pendiente, es posible mirar al Mediterráneo sin quedar expuesto a la calle o a las parcelas vecinas.
¿Hay que talar el arbolado existente para construir una villa aquí? No necesariamente, y muchas veces conviene justo lo contrario. El parque natural suele exigir respetar buena parte de la vegetación, y bien integrada en el proyecto puede convertirse en el elemento que le da personalidad a una terraza o un porche.
¿El acceso a la parcela puede ser un problema durante la obra? Puede serlo si no se comprueba antes. Muchos caminos de la zona son estrechos y con pendiente, así que conviene verificar cómo va a entrar la maquinaria de obra antes de cerrar el proyecto, para no llevarse sorpresas de presupuesto o de plazos.




